Me complace, además, que hayamos hecho esta convocatoria abierta, en el marco de nuestra deliberaciones, y que contemos, también, con el valioso e ilustrativo insumo de Juan Pablo Feinmann, procesando la lectura de parte de su libro La Filosofía y el barro de la historia, que fue producto de unas célebres y concurridas conferencias realizadas en el año 2004 en Buenos Aires. Feinamnn, de clara influencia sartreana, está interesado, no, eso no tiene la suficiente fuerza, está empeñado, en su libro, en descifrar las consideraciones filosóficas acerca del ser humano que se rebela contra estructuras de injusticia y de dominación. No podía, en esa perspectiva, dejar de ocupar un mayor número de páginas Foucault que cualquier otro autor considerado, con una visión de Feinmann que podemos constatar crítica, a veces de forma muy punzante, pero con visible respeto hacia un autor como Foucault, que se las trae. A mí me resulta atractivo, y refrescante, la manera en que Feinmann ubica discusiones en, digamos, el “mundillo” de los filósofos y las filosofías, sin obviar opciones personales de vida y osadías como salir a festejar, Foucault, entre conferencias, en Brasil, ataviado a la Carmen Miranda. Destaco, también,, su desenfadada, y muy situada, perspectiva tercermundista y argentina, y la manera en que trae a colación elementos de la cinematografía, la cultura popular y la política.
No podíamos esperar otra cosa, la verdad, de un filósofo prolijo, analista político constante e inclaudicable, y, además, autor de novelas (una sobre Heidegger, precisamente, para que aprecien como le persigue el tema) , además de guionista de cine. En Página 12, insigne diario progresista argentino, se pueden encontrar con frecuencia sus aportes. Yo leí en los últimos meses un interesantísimo análisis del Peronismo, esa especie de obsesión (obstinación, dice con mayor exactitud un Feinmannque abe medir sus palabras) argentina, parte inevitable y a veces innombrable de la filosofía política de dicho país. No falta, en el análisis, la autocritica: “uno milita en la juventud peronista, va al aeropuerto a recibir a Perón, y pasa explicándose toda la vida” dice, palabra más, palabra menos, Feinmann, en su esclarecedor libro.
Como una especie de acentuación argentina, estuve en estos días ojeando un libro de esos que tengo guardados por ahí como lectura segura pero futura, una obra colectiva extraordinaria. Titulada “Nosotras: presas políticas” publicada por La Editorial Nuestra América. Precisamente, a propósito de la discusión de Feinmann, lo primero que encontramos en la contratapa de dicha publicación es lo siguiente:
“Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos nosotros de lo que han hecho de nosotros “
Las palabras, valiosas para nuestra discusión, son de Jean Paul Sartre.
Los ejes de la discusión de Feinmann, que valoraremos en conjunto vis a vis diversos elementos de la obra de Foucault son, a mi juicio, lo siguientes:
1-Un Surgimiento de Foucault, como figura en la galaxia filosófica de mediado de los años sesenta, declarando espectacularmente, basándose en Heidegger y Nietzche, que el “hombre ha muerto”, en un escenario, nos dice Feinmann, de fuga, de huida del marxismo como horizonte, y en contraposición activa, enérgica y confrontativa con la estrella filosófica del firmamento francés de la postguerra, Jean Paul Sartre. Lo que irrita a Feinmann, sin duda, es como la filosofía y el pensamiento francés, para lograr esta fuga, recurre a Heidegger, que, como se sabe, no solo fue rector de universidad, nazi con insignias, sino que nunca explico, o se desdijo de sus claras simpatías nazifacistas. No han faltado quienes lo han explicado o de alguna manera eximido de tener que explicare (Hannah Arendt, incluso) pero los hechos son tozudos y recuerdan la forma leve en que son obviadas, también, las simpatías e involucramiento de un C.G. Jung con el nazismo, aunque el caso de Heidegger reviste mucho mayor importancia. Más de una vez lo dirá Feinmann: no solo se corre a los brazos del “loco de Turín”, Nietzsche, con un desprecio de la masas, del socialismo, de la compasión, de los derechos humanos, con su canto a la “bestia rubia” y a la rapiña, sino que se termina haciéndole la corte a un filósofo nazi ( si, ya lo sé, Heidegger es mucho más que eso, pero también es eso, y ahí parece haber un mundo de problemas). El ataque a Sartre, quien es más vulnerable precisamente por su seriedad, soberbia y, quizás, distancia (no dejo de pensar en el contraste que dibuja Feinmann entre un Foucault dispuesto a la joda, a disfrazarse para festejar, y la a imagen de Sartre y Simone de Beauvoir serios, desfasados, vestidos de mandarines en una visita a China), pasa, además, y no solo en Foucault, por una lectura simplista y distorsionada de la obra sartreana.
2- Un segundo aspecto de la mirada de Feinmann que quisiera resaltar, en un examen de los alcances de la obra de Foucault, es la intencionalidad de desarrollar una perspectiva situada, precisamente desde el maravilloso y también mucha veces tenebroso mundo de una América Latina fracturada, desgarrada, y también torturada y humillada. Es decir, la discusión filosófica en un país como Argentina, por ejemplo, a menos de que se quisiera congraciar con poderes terribles o que quisiera esconder se tras elaboraciones crípticas, tenía que lidiar con procesos dictatoriales, desapariciones, guerras, triples A, integrismo católico-militar, etc. En esa perspectiva, escribe Feinmann, hay que tener cuidado con aquello de “matar al hombre” cuando, efectivamente, se estaba matando de la manera más literal, y bestial, a muchos hombres, y mujeres. ¿Se trata de eliminar el sujeto, cuando este, en su forma occidental moderna, no se ha terminado de constituir?. ¿De qué se está hablando, entonces? Resuenan las palabras de Feinmann: para que funcione la sociedad disciplinaria tiene que tratarse de una sociedad organizada. Es una especie de prerrequisito. La pregunta, entonces, es clara, y es a mi juicio válida: ¿Qué relevancia tienen elaboraciones, corrientes europeas y europeizantes vistas desde latitudes y contextos como los nuestros?
Es un asunto, me parece, que se aplica sobre todo al “primer Foucault”, el que irrumpe esgrimiendo espadas contra Sartre, y todo lo que se le parezca.
3- Pero el asunto más importante, al menos teóricamente, tiene que ver con el sujeto, o más bien, la ausencia del sujeto en Foucault. Esto es lo que hace más atractiva para Feinmann la última etapa, digamos, Foucaultiana, la que nos retrata la lectura brasileira que hemos incluido sobre la ética, las estrategias de cuido de sí.
“La mercancía no va por si misma al mercado”: es una frase que retoman tanto Franz Hinkelammert como Feinmann, cuando se refieren a Marx. Por otro lado, Feinmann retomará, más de una vez, aquello de que las “estructuras no salen a la calle”. Hará falta en la ecuación ese sujeto “que hace algo con lo que han hecho de el los otros”, como las presas políticas del libro mencionado al inicio. En el mapa de de fuerzas y estrategias, de poderes y resistencias, de poderes y contrapoderes, el asunto sería donde se afirma dicho sujeto, y porque, donde y como aparece el “grito del sujeto”, de ese sujeto que desborda estructuras de dominio e instituciones opresivas, en praxis liberadoras. “De la formula donde hay poder hay resistencia al poder Foucault explica el poder. De la Resistencia, poco o nada” escribe Feinmann, 590-591. Se lamenta, además, de que el último Foucault, de la ética, del poder que existe solo si hay resistencia, no pudiera seguir desarrollando su obra. Destaca así el Foucault de alguna manera desbordado (y además criticado desde varias direcciones), con acontecimientos históricos de masas como los del Irán revolucionario de 1979. Critica Feinmann que Foucault, sobre todo en su segunda etapa, dibuja estrategias y contra estrategias, dominación y resistencia, pero sin sujetos rebeldes. Es, para él, el punto clave a discutir, al tratar la filosofía, el pensar, aquel que se las ve con el lodo y el barro, y la sangre, de la historia.