Ernesto Sábato, Antes del fin.
sábado, 28 de mayo de 2011
Ernesto Sábato, Antes del fin.
Impresiónes personales
Mis impresiones, observaciones y cuestionamientos son poco teóricos y más vivenciales:
El rol de gran parte de los y las académicas ha sido desde afuera, señalando e indicando a diestra y siniestra. Nos encontramos entonces con un sinnúmero de textos escritos por y para los intelectuales. En estos se plantea el cómo, por qué y dónde del pensamiento crítico. Poco falta para que nos den un manual con pasos a seguir. Aunque no menosprecio el valor de la teoría y el peso que ejerce sobre la praxis, en lo personal, creo que es esa misma teoría la que deberíamos cuestionar desde una crítica constructiva y autoreflexiva. ¿A que se debe que la mayoría de estos teóricos (con las excepciones obvias) sean no sólo europeos o norteamericanos sino también hombres? ¿No responde esto a un poder hegemónico que vulnerabiliza y en los peores casos invisibiliza? De nuevo, una parte más del proceso histórico dentro del cual debemos actuar no solo como espectadores sino como participes.
La palabra revolución se acogió para señalar cambios histórico-sociales que suelen ser abruptos y radicales. Hoy, a finales de mayo del 2011, esa palabra me suena a cliché (hasta luce si le ponemos la cara del Che). ¿Cómo todo cliché ha perdido también su fuerza, su poder? Una revolución es también un fenómeno físico, donde un cuerpo hace una trayectoria CERRADA alrededor de otro cuerpo o eje FIJO, es decir vuelve al mismo punto. Este ejemplo me hace sentir o pensar (ojala críticamente) que quizás es en eso precisamente donde hemos fallado históricamente… haciendo revoluciones y revoluciones en torno a los mismos principios e ideales. Ideales que entorpecen nuestra marcha. ¿Hacia donde? Hacia el cambio real, tangible, justo y solidario.
E. Galeano cita, textualmente, graffitis que ha visto en ciudades latinoamericanas:
- “¡Proletarios de todos los países, uníos! (Último aviso)”
- “¡Basta de hechos! ¡Queremos promesas!”
Uno que pude ver en Quito, como respuesta a la revolución ciudadana Correista decía: “¡La ROBOLUCION ciudadana está en marcha!
Esas son, entre muchas otras, iniciativas críticas que aplaudo: públicas, inmediatas, directas, expresivas. Ese graffitero, ¿será víctima o victimario?
Dagmar menciona que en efecto, estamos tan alejado@s que nos atrevemos a decir quiénes son víctimas y por qué. A mi tampoco me gusta la palabra víctima porque me recuerda que soy, en mayor o menor medida, victimaria. Entonces, ¿Qué hago con mi título sabiendo que tuve acceso a educación “superior” (de qué, de quienes) porque en el sistema hay quienes nunca la tendrán? Aún no lo se, quizás se vincule con lo postulado por Hinkelammert (alemán, hombre, pensador crítico). Espero que se vincule aún más con mi cotidianeidad, mis idas y venidas a la feria, mi trabajo, mis relaciones humanas.
Concuerdo con Erick que habla del arte de la perspicacia. Claro, seamos creativ@s, innovador@s (especialmente en nuestra área); desestructuremos. Es cierto: Lo no dicho no existe, y el frío no está en las cobijas.
Comuna crítica...
Comuna crítica…
Las lecturas que hemos hecho terminan dejándome la sensación de que hay siempre alguien que sabe más y que me recuerda al ojo que todo lo ve del dólar gringo. Siempre desde fuera, sobre todo desde los ámbitos científicos y académicos se discute cómo se hace el cambio para la transformación (¿revolución?). Hay una lectura a posteriori de lo que sale mal y una lectura incompleta de lo que sale medio bien. Pero siempre se recurre a citas del pensador, filósofo, científico que se acomode al discurso que conviene (a quién en ese momento se le ocurre señalar) para buscar caminos para el cambio. Pero siempre es desde fuera, se habla no se escucha. Y aquí entra la víctima. ¿Cómo sabemos desde fuera, desde nuestro entono, confortable y seguro, ¿qué siente la víctima? Estamos tan lejos de esa realidad que nos atrevemos a decir quiénes son víctimas y porqué. Ejemplo clásico: eliminar los tugurios y desplazarlos a espacios donde pierden su realidad y su cohesión social. Desde fuera decidimos que lo que necesitan es una casa, a nuestro gusto, dispuesta en cuadrantes, donde circularán vehículos. ¿Se les pregunta alguna vez qué quieren, qué entorno, que relaciones tienen con los vecinos, como conviven? No, ni siquiera se les pregunta. Pero lo peor es que llegamos a la comuna crítica dispuestos a abrir un espacio para los discursos pero somos siempre los de afuera los que llegamos. ¿Por qué será que la víctima no busca espacios, no busca discusiones, no busca intersubjetividad?
Por esta misma razón, porque somos los que accedemos, los que “entendemos, comprendemos” que no nos gusta la palabra víctima; nos recuerda que nosotros somos los victimarios. ¿Y si sólo nos mueve sentirnos un poco mejor, hablando mucho y haciendo poco y además lo indebido? ¿Por qué no salimos a escuchar, a preguntar sin preconceptos?
En cuanto al Consenso de Washington, Dominique Strauss-Kahn en su discurso del 4 de abril del 2011, dice que éste no funcionó pero lo importante es lo siguiente:
El reto que afrontamos en la actualidad no es nuevo. Ya en 1933, John Maynard Keynes, uno de los fundadores del FMI, escribió: “El capitalismo internacional, decadente pero individualista, en cuyas manos nos encontramos después de la guerra, no es un éxito. No es inteligente, no es hermoso, no es justo, no es virtuoso y no entrega los artículos. En pocas palabras, nos disgusta y comenzamos a despreciarlo. Pero cuando nos preguntamos qué pondremos en su lugar, nos encontramos extremadamente perplejos”.*
Hoy en día, se nos plantean retos asombrosamente parecidos. Estamos reconstruyendo tras circunstancias asombrosamente parecidas que tienen raíces asombrosamente parecidas. No obstante, las instituciones de posguerra resultaron perdurables y propiciaron un período prolongado de paz y prosperidad, cooperación y estabilidad.
Ese es el mundo en el que nació el FMI, un mundo en el cual el multilateralismo importaba. En el cual los beneficios del crecimiento estaban ampliamente compartidos. En el cual el Estado y el mercado se complementaban y equilibraban mutuamente.
Nuestra tarea actual es volver a construir un mundo así. Evidentemente, no queremos volver a los años cuarenta. No queremos volver a la época en que un puñado de países dominaban la situación. No queremos darle la espalda a la apertura. Pero podemos retomar los principios sobre los cuales se construyó la economía de posguerra. Podemos tomar del pasado para alcanzar el futuro.
Al FMI le toca un papel fundamental. Debe retomar su misión original, que es fomentar la cooperación y combatir las raíces económicas de la guerra.
Muchos de los aquí presentes son los dirigentes del futuro. Pregúntense en qué mundo desean vivir. Seguramente un mundo que sea más inteligente, más justo y más virtuoso. Muchas gracias.
A diferencia de lo que sucedió en el 2009, cuando se habla del consenso de Londres:
El consenso de Washington está superado”, declaró Gordon Brown al término de la reunión del G-20 en Londres que ha marcado simbólicamente el fin de un modelo de capitalismo y el incierto inicio de una nueva forma de globalización. Atrás queda la fe ciega en la capacidad del mercado para autorregularse, la piedra angular del llamado consenso de Washington, el dogma dominante de nuestras economías y nuestras vidas en las dos últimas décadas. Se acabó el reducir la sociedad al mercado y el mercado a la cotización en bolsa. Y se reafirma la responsabilidad de los estados para gestionar los flujos globales en vez de navegarlos sin brújula. Ha tenido que producirse una crisis catastrófica del sistema financiero mundial para que las llamadas de atención que hasta hace poco se descartaban por ideológicas y arcaicas se hayan convertido en materiales de reflexión para la reconstrucción de la economía mundial.
Pero la receta de Gordon a diferencia de Strauss-Kahn no habla de un mundo más inteligente, más virtuoso, más justo.
Sin embargo, lo más interesante es que los que siempre apoyaron el consenso de Washington como La Nación, Lizano, Naranjo, Gutiérrez y demás secuaces ni se oyen ni se ven. Ni el 80 % de los profesores de la Facultad de Ciencias Económicas que estarán desinformando a sus estudiantes. Lo no dicho no existe.
LA PROXIMA SESION
OTRA JORNADA PRODUCTIVA
Enrique Dussel... Plaza del Solo
La Plaza del Sol de Madrid se llena de jóvenes y ciudadanos indignados; así como llenaban por mayores motivos la Plaza Tahrir (de la Liberación) en El Cairo, y el 21 de diciembre de 2001 la Plaza de Mayo en Buenos Aires para derrotar al gobierno de Fernando de la Rúa y su estado de excepción. Hemos ya indicado en otra colaboración de La Jornada que estos movimientos nos recuerdan un hecho fundamental en la vida política de los pueblos: el estado de rebelión: la Comuna de participación directa en primera persona plural: nosotros. Recuerda al Estado que no es principalmente un gobierno representativo, sino una comunidad participativa. Marx propuso esa experiencia límite de la Comuna como un postulado político (aquello que es pensable lógicamente o por un cierto tiempo, pero imposible en el largo plazo). Hoy, sin embargo, es políticamente posible.
Los jóvenes de la Plaza del Sol discuten si permanecerán más tiempo en ella. Ellos querrían permanecer para siempre ahí (como enuncia el postulado), pero siendo relistas deberán volver a sus tareas cotidianas, y no podrán evitar a la representación frecuentemente corrupta y sin posible control por parte de la organización de la participación. ¡Volverá a gobernar de manera representativa! Aquel ¡Que se vayan todos!, enuncia el postulado, la idea reguladora, pero no es factible. Factibilidad y gobernabilidad no están contra los ideales, los postulados, pero marcan sus límites.
Es decir, es imposible permanecer siempre en la plaza. ¿Hace esto imposible una participación diaria, cotidiana, organizada, eficaz del pueblo? ¿Cómo puede alcanzarse la práctica permanente de una participación auténtica? ¿Es para ello necesario negar la representación (que se va corrompiendo en todos los países actualmente) e intentar una participación directa imposible? El aparente dilema se disuelve comprendiendo que es necesario organizar la participación desde la base (como en los ejemplares caracoles zapatistas o en la legislación venezolana promulgada el 21 de diciembre de 2010 sobre Leyes del Poder Popular) en las asambleas de la comunidad o las Comunas, con la representación respectiva (el concejo comunal, por ejemplo en Venezuela). Pero después, hay que ascender a un segundo nivel organizativo de la participación en la Comuna, representada en el consejo ejecutivo; para sólo en un tercer nivel llegar participativamente a la Asamblea conjunta de las Comunas (en el nivel municipal), con la representación en el parlamento comunal o municipal. Es decir, desde abajo hacia arriba, desde la base hasta el municipio, estado provincial o Estado federal, se van organizando, de manera muy diversa, las dos instancias de la democracia: la participación y la representación. El liberalismo burgués sólo institucionalizó la unilateral democracia representativa, hoy en crisis. No hay sin embargo que eliminar la representación. Hay que darle contenido y controlarla con la organización de la participac
jueves, 26 de mayo de 2011
¿Qué implica hacer/reflexionar psicología desde la otra orilla?
"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."
Eduardo Galeano
Hinkelammert en la tercera parte de su libro, La maldición que pesa sobre la ley, emite una afirmación sumamente importante: “Una reconstitución del pensamiento crítico implica, una crítica del pensamiento crítico (…) tiene que ser una crítica desde adentro, no crítica externa” (p.227). Este señalamiento, básico para nuestro propósito, el cual es hacer/reflexionar una psicología desde otra orilla, remite a un desafío en el cual nosotros/as mismas desde nuestra orilla debemos reconocer y enfrentar nuestras propias posiciones respecto a la realidad, dejando de lado las tradiciones asépticas que conciben una total inocencia política en lo que respecta a la producción de conocimientos científicos. Este desafío, necesita por lo tanto de un marco ético con el cual compararse y marcar vías, ya que nuestras decisiones tendrán impacto sobre personas poseedoras de derechos humanos, que muy indignamente gran parte de académicos/as de las ciencias sociales se han negado a reconocer con miras a la consecución de resultados objetivos y de explicaciones válidas de la realidad. De ahí que no podemos obviar la dimensión política de cuanto producimos desde esta otra orilla.
Para entablar una reflexión crítica sobre el pensamiento crítico, propongo el concepto metafórico de un arte de la perspicacia. En primer lugar, le llamo arte en tanto nos es necesario sostener una praxis encontrada con la cultura de la cual somos parte, donde nuestros aportes y desarrollos contemplen la posibilidad de ser creativos/as (romper barreras de pensamiento estructuradas rigurosamente), y de incorporar la creatividad de las personas que se hallen involucradas y con las cuales queremos trabajar, sin importar el rol social que éstas poseen (académicas, obreras, campesinas, adolescentes, indígenas, etc.), siendo estas personas también parte del proceso de crítica de nuestra producción. El arte en este sentido es símbolo de desestructuración de lo no permitido (según las reglas del mercado y la ganancia), consiguiendo alternativas que incluyen las voces de quienes no han sido escuchados. En términos de la lógica propuesta por Hinkelammert, el arte al que me refiero, constituye ese recurso para pensar en imposibilidades y traducirlas en posibilidades, de tal manera que no se condicione de manera autocrática qué es lo que las personas deben ver y escuchar. Se trata pues, de trascender los límites impuestos por el modelo socioeconómico imperante para impulsar una construcción constante de utopías que sirvan de guía al camino que se pretende recorrer, y que precisamente refiera al hecho de no alcanzar estas utopías estrictamente, para así garantizar la posibilidad siempre abierta de opciones en el camino de escucha de diversidades, abogándose por el enfrentamiento ante las eventuales contradicciones, en vez de evadirlas e imponer una única lógica. Sin duda esta alternativa será descalificada desde los centros desde los cuales se nos intenta limitar reiteradas ocasiones; a propósito de la metáfora se nos dirá: “el arte no es ciencia”, no responde a los principios de la razón instrumental.
Asimismo, hablo de un arte de la perspicacia, pues parte de la crítica a la cual debemos comprometernos hoy en día, es a la de saber identificar y desmantelar todas aquellas formas o trampas discursivas en las que el sistema actual pretende adoptar una cara pseudo-humanista; por esto la necesidad de una postura crítica de “leer entre líneas” como dicen. En el ámbito de la psicología laboral, por ejemplo, en muchas organizaciones no se habla hoy solamente de Recursos Humanos, sino de Gestión del Talento Humano, en la medida que se prefigura al sujeto trabajador con la noción del deber explotar al máximo sus habilidades (competencias conductuales), sin haber un desarrollo paralelo de sus derechos como trabajador, siendo así que la nominación “Gestión Talento Humano” invita a omitir esas consideradas “sutilezas” que dentro del modelo neoliberal es necesario no tomar en cuenta: derecho a sindicalización, equidad en las condiciones laborales de la mujer, derecho a un salario justo, etc. Cuanto importa es la ganancia económica, pero como las empresas están comprometidas a respetar códigos de Derechos Humanos, deben hallarse las formas ingeniosas para maquillar ese respeto por la vida humana.
Este arte de la perspicacia involucra también la discusión de Hinkelammert respecto a la presencia de lo ausente, ausencia que grita y clama por reconocer que la relación entre objetos-mercancías no es más que la relación entre personas que depositan sus voluntades sobre dichos objetos, de ahí el misterio del mundo de las mercancías. La práctica crítica incurriría en un grave error si se sostiene sobre constructos “científicos” que pretenden ser modelos explicativos de la realidad, y que precisamente han reproducido esa religión en la cual el científico cree que las cosas-mercancías se relacionan solas entre sí. Esto ha sido cuanto ha mantenido a gran parte de las ciencias sociales ignorando que dentro de una realidad compleja, ellas mismas aparecen como un discurso-práctica más que se instaura en la cultura, de ahí que su constitución como lente divino para entender el mundo no es más que la necesidad de afirmar poder, y además el gusto de pulular desde la comodidad que implica el sometimiento de conocimientos que no son parte del mundo-ciencia. Un arte de la perspicacia debiera llamar más bien a visualizar aquella ausencia a la cual se refiere el autor, esto es, todo “aquello que es negado por los mecanismos de dominación” (p. 248). Al ser negado, es ocultado, por esto nuestra tarea debe encaminarse a revelarlo, de ahí la necesidad de una perspicacia que contribuya a romper con la forma literal de la palabra y de la ciencia, e interpretarla en los contextos y situaciones que nos caracterizan como sujetos socio-históricos.
En consecuencia, desde la otra orilla debemos ser capaces de ver más allá de ésta nuestra orilla, y no concebirla como un pedazo de tierra exento de las trampas propias de la literalidad acrítica (incapacidad de análisis), o pseudo-humanismo pregonado desde el sistema hegemónico. Parte del compromiso debe ser, desde mi perspectiva, evadir aquellos roles en los cuales se nos pide ser superhéroes modestos, donde la realización de terapias puntuales o la confección de manuales de sobrevivencia (ni siquiera se puede hablar de manuales de vida), son la clave para encontrar la “armonía perfecta” entre los problemas sociales y las ganas de ayudar a construir un mundo mejor. En el sentido aducido por Hinkelammert, se trata también de evitar caer en la promesa del mito del progreso, donde todo se encauza en el ideal de un futuro mejor, resolviéndose en esa ocasión los conflictos de la mejor manera y por ende no existiendo ya los grandes problemas que nos aquejan actualmente. Esta promesa, como señala el autor, no es más que la imaginación de un tiempo abstracto, en el cual no aparecen los límites de lo posible, y tampoco aparecen, agrego, los horizontes del potencial de nuestras acciones. Es esta una promesa que no tiene ningún asidero real para cumplirse (y mejor que no sea así).
En relación con estos límites de lo posible, nos compete desde nuestra orilla identificarlos, estableciendo los posibles retos que se tengan que enfrentar para optar por un futuro del presente, que probablemente será distinto al futuro del presente del mañana, en tanto las coyunturas y las direcciones que proponen los distintos grupos sociales, tienen el poder de hacer tambalear los pronósticos que son emitidos desde los centros llamados “intelectuales”, o académicos. He aquí la necesidad de una crítica de nuestro pensamiento crítico, reconocernos como sujetos inmersos en una cultura de posibles transformaciones, en la cual podemos brindar un apoyo bastante importante como académicos o profesionales, pero no el único. Desde esto, es vital reconocernos también como ciudadanas/os, miembros de comunidades, en general, como seres humanos con ciertas limitaciones y a la vez con muchas posibilidades de acción.
En conclusión, la perspicacia no es una cualidad que nos pertenece por ser parte de un grupo de pensamiento al que llamamos crítico, sino que es un recurso que debemos aprovechar para evitar caer en postulados dogmáticos o fieles a la literalidad de un constructo científico, esos que precisamente sostienen que los objetos-mercancías hablan por sí mismos. Y como decía, se trata en general de un arte de la perspicacia, en tanto reconocemos que para mirar más allá nos es preciso ser creativos/as, reconociendo los potenciales que nos brinda nuestra cultura y las personas con las cuales nos sentimos comprometidas/as a ofrecer un intercambio de saberes, rompiendo con la práctica de agendar un día a día de relaciones estrechas con el modelo hegemónico limitante y represivo de sensibilidades diversas.
Hinkelammert, F. (2010). La maldición que pesa sobre la ley. Tercera parte, pp. 225-299.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Master of puppets

Documentos no-velados: la onomástica del computador
Master of puppets
Una cámara de Gessel, un analista computando datos, una maquina haciendo del registro un menester de lo compulsivo, adentro de la pecera, un grito sordo, la mirada, el estupor, la presunción incredulidad en los ojos del inquisidor, un auricular que murmura como apuntador más preguntas, el punto exacto de quiebre del otro, ese que está sentado, que a la minima imprecación a la autoridad o al sitio de la cual esta se ha servido será disciplinado por la gravitacional de las formas de castigo, lo centrifugo de sus fuerzas en el cuerpo y en la mente, el horror no se acaba de decir aunque sea pensado como una triste postal, el hombre sentado -una subjetividad emplazada en el atolladero de lo “real”- ya no recuerda el día en que fue encerrado, sólo la recurrencia a un carrete de la memoria que se repite como una película, una fantasía de control total, el sueño líquido de Orwell o seguramente el papel con que empapelan su mente los torturadores para excitarse, el wallpaper en la pantalla del burócrata que lee semana a semana los progresos en las labores de acopio de información, no sabe porqué está aquí, se imagina a “la triada de la desesperación”, analista-inquisidor-burócrata, piensa hoy particularmente al que escuetamente llama analista, sabe que el reflejo es ilusión, que la transparencia es mentira, que la inteligencia del inquisidor es la réplica del master of puppets (mop) del otro lado de la ventana del silencio, el “mop” –así le gusta llamarle- ha hecho tan exquisito su performance de su deshumanización que se ha convertido en ausencia, una ausencia presente y acuciante por el auricular, alguien que en la vernácula lengua de la fauna del infierno de la “verdad” dosificaba el silencio la búsqueda de lo estrecho de la otra verdad, la verdad “adequatio” la del sueño en la mirada voeyour del habitante del espejo, se pregunta el hombre sentado en el intervalo de cada pregunta si quien le lee en gestos será sólo un técnico de esos son hábiles en leer gestos, el habitual imbécil endiosado por lo que cree un portento, un don, una cualidad que le eleva de lo humano, lo pone entre lo selecto de la eugenesia de una raza presuntamente superior, extra-planetaria, cósmica de tanto acido del laboratorio de las ratas o sencillamente se siente un “héroe” de la seguridad nacional en el mundo del “doble pensar”, un fanático cristiano exorcista de vidas y de culpas rentadas en algún lugar del banco de la inteligencia estadounidense, en cada una de estas posibilidades ensayaba el hombre sentado en la silla respuestas distintas a la pregunta: ¿se habrá hecho el analista la pregunta sobre la genealogía de la verdad en el dolor? Perder la cordura, lleva los ojos al blanco, al desolado blanco, al agudo zumbido de la verdad antes del fin, hace entrar en otro cuarto, un lugar ya conocido, la lengua no se comprende, los uniformes cambian, es otra escena, puede que sea otro tiempo, una temporalidad más en el caleidoscopio del delirio que le inducen las drogas, consigue volver al hilo de Ariadna que ha armado con preguntas para no perder esa parcela de consciencia última que le ha permitido sobrevivir los rituales de la tortura, la pregunta por una verdad que de existir viene formulas confirmatorias para “triada de la desesperación”, el mop sigue ahí, le pregunta imaginariamente por los estertores de una guerra álgida, si en su frialdad era diferente al estado de situación del terror omnisciente de la guerra decretada por halcones y otras aves de rapiña en casas blancas de tanta cal sobre los huesos de la historia, el mop no sabe, si imaginariamente pudiera devolver la mirada, le diría que el terror se representa así mismo como siempre presente
viernes, 6 de mayo de 2011
RECUERDEN COLOCAR SUS IMPRESIONES DE LA SESION DEL 29
jueves, 5 de mayo de 2011
Campos, dispositivos, municiones, compromisos. Sobre nuestro encuentro del 29 de abril
Estamos tratando de discernir, en esta convocatoria, claves de resistencia y contrapoder en el ámbito de acción de la psicología. Esto nos obliga a caracterizar a la psicología hegemónica que está en la “otra orilla” y, por otro lado, a retomar como interlocutores diversos aportes críticos que son insumos para nuestro discernimiento y producción critica. De lo que se trata es de ir potenciando una construcción crítica, propositiva, acerca de lo que sería trabajar psicología desde posiciones de compromiso social que no caigan en las trampas del positivismo o de las pretensiones de asepsia o neutralidad. Lo que entrego en este texto, a consideración de los y las participantes en nuestro seminario, es el material que prepare a manera de introducción a la discusión del pasado viernes, agregándole, en esta nueva mirada a lo que había hecho, diversos elementos de lo que fue nuestra muy fructífera, creo, discusión. Me parece fundamental que todos hagamos el esfuerzo de ir plasmando por escrito nuestras consideraciones, cuestionamientos, dudas, aportes, ya que eso permitirá potenciar nuestro trabajo conjunto e ir elaborando materiales que reflejen y fortalezcan lo que serán los encuentros.
El texto de Bordieu: “los usos sociales de la ciencia” lo consideramos un insumo valioso, que caracteriza campos de producción simbólica. Lo que estaría en juego, en el campo científico, propiamente, sería una forma particular de autoridad. Por supuesto que la base de su planteamiento es una sociología de las comunidades científicas, alejadas de la hagiografía, y de la neutralidad valorativa. No hay, en esta línea, “desintereses” posibles. Por mas retórica que se derroche, No hay científicos (as) embarcados en una desinteresada búsqueda de la “verdad”.
Navega, Bordieu, entre la falsedad de una búsqueda mecánica de la influencia de otros campos, por ejemplo, la política, sobre la ciencia, y la (otra) falsedad de una neutralidad alejada de todo interés político. No vale hacer “cortocircuitos” de los campos, que no lidien con la especificidad de los mismos. Trabajar desde esta perspectiva acerca a lo que Bordieu llama una “autentica ciencia de la ciencia”. En la obra Plenitud y vida, del periodista soviético Vassili Grossman encontramos, en forma novelada, los dilemas y las angustias de los científicos soviéticos trabajando la física nuclear en los inicios de la II Guerra Mundial, y las presiones a que eran sometidos para conformar sus teorías con un alineamiento mecánico a las premisas del materialismo histórico. Esto le crea una situación prácticamente insostenible a uno de los protagonistas principales, de apellido Shrum, que busca mantener alguna integridad ética y quien se ve salvado del abismo porque el mismo Stalin, consciente de la importancia de los trabajos nucleares no cae, en última instancia, en las trampas de los “cortocircuitos” que menciona Bordieu en otra parte de su obra. Los colegas científicos de Shrum terminando siendo “más papistas que papa Stalin” en este caso, ya que desde el estado soviético había, en este caso, un interés estratégico en que funcionara el campo. La moraleja, digamos, es que hay que lidiar con la especificidad de los campos, y que procesos de transformación de los mismos no son asuntos definidos totalmente en su exterioridad. En el contexto de lo que fue nuestra discusión del 29, reiteraría la idea de que la perspectiva estratégica de Bordieu (así la veo) nos podrá ser de gran utilidad si logramos precisar, con especificidad, la conformación de los campos que nos interesen. Si se quiere actuar con eficacia, habrá que caracterizar exactamente de que se trata, que conflictos y que contradicciones se manifiestan y que posibilidades hay de transformaciones.
Hay, entonces, campos en disputa, y quien apele a autoridades exteriores al campo (Bordieu, 19) para legitimarse, dirá Bordieu, solo acarrearan el descredito: “Los dominantes son aquellos que consiguen imponer la definición de la ciencia según la cual su realización más acabada consiste en tener, ser y hacer lo que ellos tienen, son o hacen”. De entrada, un dilema para una psicología comprometida, anti –positivista, es como actuar en la especificidad del campo psicológico, o de los campos psicológicos, como efectuar transformaciones internas en los mismos a la vez que se promueve una agenda propia. Si se quiere, incluso, es como puede actuar un “campo” en otro “campo”.
Antinomias de la legitimidad (p. 22) Ni en el campo científico ni en el campo de las relaciones de clase existe instancia alguna que “legitime las instancias de legitimidad”. Aquí Bordieu plantea una crítica fuerte a la “ingenuidad” de la “técnica de los jueces” y de los “expertos internacionales”. En efecto, sin pretender simplificar lo que sin dudas fue un proceso multifacético y complejo, ¡que podemos decir de una “evaluadora externa” colombiana, proveniente de una universidad privada, enfrentada a la propuesta de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica de una “psicología de cara a la realidad”?
Tenemos, en Bordieu, un modelo conflictivo, de lucha entre los participantes en un campo determinado, con instancias legitimadoras que, además, dispensan status, puestos, posibilidades de “hacer carrera”. Es importante el señalamiento, de Bordieu, en ese contexto, de la posibilidad de estrategias de conservación y las estrategias de subversión. Me parece claro, por ejemplo, que en el proceso de vaciamiento estratégico, regresivo, de la Escuela de Psicología de la UCR una muy importante estrategia de conservación ha sido minar los espacios democráticos existentes y diluir, así, los debates internos, relativos a la constitución de la oferta académica, las asignaciones de recursos, etc.
¿Qué habitus científicos existen? Se trata, según Bordieu, de:
“sistemas de esquemas generadores de percepción, de apreciación y de acción que son el producto de una forma específica de acción pedagógica y que vuelven posible la elección de los objetos, la solución de los problemas y la evaluación de las soluciones” (33) ¿Se han ido transformando?
Doxa: “conjunto de presupuestos que los antagonistas admiten de hecho sin discusión, porque estos constituyen la condición tacita de la discusión” (44). Pareciera que una tarea básica de una psicología alternativa seria, precisamente, no dejar que se establezcan como doxa algunos supuestos, por ejemplo, el de que “los números hablan por sí mismos” o que “la acción del profesional en psicología es buena a priori”
Aunque no lo desarrolla, creo que es interesante la forma en que vincula Bordieu las contradicciones en el mundo científico con la lucha de clases. Pensar en estos términos, en nuestro contexto, hoy en día, parece en principio pura herejía:
p.47: “el objeto de la lucha interna por la autoridad científica en el campo de las ciencias sociales, es decir por el poder de producir, de imponer e inculcar la representación legitima del mundo social, es uno de los objetos de la lucha entre las clases en el campo político”
¿Hasta qué punto podríamos adjudicarle a la psicología realmente existente en nuestro país lo que atribuye Bordieu a la sociología francesas de su tiempo?
49 “la sociología oficial no apunta a realizarse como ciencia, sino a concretar la imagen oficial de la ciencia que la sociología oficial de la ciencia, suerte de instancia jurídica que se da la comunidad”
No tuve, el viernes, tiempo suficiente para referirme a esto, pero creo que son valiosas, también, las características que atribuye el autor a una “Ciencia falsa”:
-produce y reproduce falsa conciencia
-hace exhibición de “objetividad”
-“neutralidad ética”
-aparenta ruptura con clase dominante y sus demandas ideológicas (esta es particularmente interesante. Valdría la pena examinarla más).
-exhibición tecnológica
-retorica de lo “neo”
-apariencia de acumulación
-estrategias de “cierre”: separación tajante entre problemas científicos y los profanos y mundanos
-estrategias de denegación
¿Cómo podemos identificar, y más que eso, combatir estas estrategias, en los debates y dilemas que caracterizan a la psicología actual en nuestro país?
Tomas Ibáñez, reconocido psicólogo social de Barcelona y además teórico anarquista, nos ofrece lo que creo, como dije el viernes, sigue siendo poderosa “munición” para la labor crítica, con lo que denomina la “irrupción construccionista” en el campo, y aunque no se coincida en todas sus premisas meta teóricas y epistemológicas no hay duda de que estas “municiones” socio construccionistas pueden ser demoledoras, sobre todo para caracterizar y desmontar al discurso y la práctica psicológica actuando como dispositivo autoritario. Claro, está el tema que tocamos el viernes, de que son “buenas para desmontar, deconstruir ” pero menos buenas para “construir”
Preocupado, siempre, por la discusión epistemológica, Ibáñez retoma la “galaxia construccionista” que identifica en varios campos, y postula una crítica a la “concepción heredada” de la ciencia. Se está gestando, dice, un cambio radical. Sería el paso a la “Posmodernidad” con un meta discurso construccionista que plantea la Critica a ingenuidades asumidas por la psicología, dispositivos autoritarios. Subrayo aquí la inquietud de varios participantes en la discusión que tuvimos si el planteamiento de Ibáñez no termina siendo, como insinúa en general Parker en su texto contra el posmodernismo una meta narrativa, que coloca al socio construccionismo en posición de madurez, de superioridad.
El Construccionismo pretende, en todo caso, desmantelar el dispositivo autoritario en que se ha convertido la psicología.
Para operar, este discurso psicológico debe delinear una realidad “psíquica” para después definirse como “autoridad” sobre la misma, con la lógica del “tribunal de los hechos”, propiciando que:
“un conocimiento es tanto más acertado, valido, correcto, rico en contenido de verdad cuanto mejor se adecua, refleja, representa a la propia realidad” (263).
Ingenuidades básicas de esta postura:
La creencia en la existencia de una realidad independiente de nuestro modo de acceso a la misma.
Creer que existe un modo de acceso privilegiado capaz de conducirnos, gracias a la objetividad, hasta la realidad tal y como es.
Lo que hay son prácticas de objetivación (267)
“el objeto no genera nuestra representación de el si no que resulta de las practicas que articulamos para representarlo. Y son esas prácticas las que trocean la realidad en objetos diferenciados” (267)
“No tiene sentido, por lo tanto, pensar que el conocimiento nos dice como es la realidad porque, obviamente, no hay forma de saber cómo e s la realidad con independencia de su conocimiento, y no hay formas, por tanto, de saber si el conocimiento científico acierta en su descripción de la realidad” 269
Consecuencias para la psicología: “la adhesión al mito de la objetividad coloca al psicólogo n el papel de simple cronista de la realidad desvinculándolo de toda responsabilidad y de todo compromiso” 271
Pero, según Ibáñez:
-La realidad psicológica es una construcción contingente, depende de prácticas socio históricas.
-el discurso del psicólogo (a) está marcado por las convenciones que este acepta, es una interpretación de la realidad entre otras posibles.
-el discurso del psicólogo desempeña un papel de la conformación de la realidad psicológica
-se impide que la gente pueda tercear en la cuestiones psicológicas, que sería cuestión de especialistas.
Se combate:
-status ahistorico de la razón científica, sus efectos de poder.
no se cuestiona especialización de saberes, sino la autoridad que confiere es a especialización y el tipo de autoridad sobre el cual se basa
-utilidad de conocimientos psicológicos no se deriva de la “realidad tal y como es”
“decir adiós a la ciencia con mayúscula” (278)
Como Prilleltensky, y también Martin-Baro, aboga por explicitar las opciones normativas que tenemos como psicólogos (as).
Algunos elementos adicionales. Un tema recurrente, en la discusión sobre el socioconstruccionismo, es la acusación de “relativismo” y como surgió el viernes, de falta de compromiso y de politización. Yo subrayaba que Ibáñez, en este mismo artículo, enfrenta directamente esta discusión, y define su posición como la “más política de todas” porque no apela a la legitimación de supra instancias (como la “ciencia”) y porque se ponen las opciones éticas y políticas en un primer plano. Yo sí creo que es una posición consecuentemente antiautoritaria aunque tiene el peligro de sobredimensionar las posibilidades de actuación y de subvalorar las constricciones reales existentes (se puede exagerar en sentido contrario, también). El último tema tiene que ver con lo que plantee como el “dilema de Lupicinio” (en referencia a una conferencia del compañero Lupicinio Iñiguez, colega de Tomas Ibáñez, acerca de la “psicología crítica” y la “psicología radical”. No pienso retomar aquí esa discusión).
Sobre el aporte de Prilleltensky, empiezo reiterando lo dicho el viernes acerca de las condiciones en que produce sus elaboraciones, y sus propósitos. Está tratando de introducir la psicología crítica y desarrollarla en un contexto no exactamente propicio: el de ambientes académicos universitarios estadounidenses, y eso obliga a cierto estilo de presentación, que busca ser, necesariamente didáctico. Esto, como recordaremos, provocó algunas reacciones entre quienes participan en el encuentro. Si recalco que se trata de un autor que ha retomado, desde experiencias concretas para formular propuestas generales, la discusión sobre la ética en la práctica psicológica, llevándola incluso en alguna medida al mainstream. Destaco los “consejos” que aparecen, en su escritura, acerca de cómo hacer “psicología critica” en contextos específicos.
Prilleltensky 144-179
La psicología crítica no es una técnica específica, sino una posición con respecto a valores, presupuestos y prácticas (p.8145) La Meta es: formar alianzas con grupos en desventaja para superar la opresión y promover el bienestar. No se trata de llenarse de teoría s y técnicas, sino de elevar conciencias, posicionarse como agentes de cambio.
Valores/interés/poderes desde una perspectiva de psicología crítica, argumentan, de lo que s e trata es de facilitar, en la persona o grupo, y en la comunidad, congruencia entre valores/intereses/poder.
Se busca (ver tabla en página 152) bienestar personal, bienestar relacional, bienestar colectivo.
p.153: critica a eslogan vacio que se utiliza en una escuela “los valores tienen que ser articulados tal forma que puedan ser traducidos en políticas y guías concretas, no en forma tal que haga que las afirmaciones de misión sean inalcanzables” (153) Me parece que, en estas andanzas, la apelación de Prilleltensky (Y Nelson, su coautor) a la precisión tiene lo suyo.
Practicas discursivas “self made persons” que legitiman privilegios.
Alertan contra la creación de “espacios seguros” que no impliquen retos, sino que calmen conciencias culposas. Se advierte que una manera de legitimar el status quo es compartir el poder, en cosas de menor importancia.
De lo que se trata (me parece interesante el concepto) es de fomentar zonas expansivas de congruencia.
Necesidad de atender dinámicas grupales, tener la capacidad de hacer que los procesos avancen. Cuidado con los tipos hipo-confrontativos o hiperconfrontativos.
Ciclo, proceso visión/teoría/investigación/praxis la ccion es lo central porque todo debe converger en prácticas sociales transformativas
“praxis es lo que yace entre lo deseable y lo posible” 158
Es el arte de “movernos más cerca del ideal” 159
No podemos asumir, así no mas, lo que la gente define como “necesidades” sin un escrutinio critico. Necesitamos criterios, valores morales para evaluarlo. Esto, recordaremos, fue un tema de discusión el viernes.
“la crítica es el acto de reconocer y nombrar la injusticia, mientras que lo visionario es la práctica de la esperanza, el deseo y el cambio social” 161
Que se debe atacar:
-las definiciones hegemónicas acerca de los problemas de vida
-la autoridad ilegitima
-la presión grupal
Se debe abordar lo dicho y lo no dicho.
Leer la palabra/leer el mundo (Freire)
Practices therapeutics narratives telling/retelling=/retelling of the retelling
La notion de lo visible y lo invisible (164) “remaining silent in the face of racists jokes or acquiescing to discriminatory practice sat work may hurt invisible people” 164
Destaca su crítica a la perspectiva racionalista-técnica: se identifica el problema, los expertos y la ciencia aplican soluciones/ la perspectiva de movilización de recursos: de lo que se trata es de tradiciones, cultura, perspectivas de mundo, agitar las aguas de cambio, establecer un proceso.
Esta frase me parece Clave: “ el hacer ´políticas no es una respuesta técnica y racional a la identificación de problemas, sino, más bien, un proceso políticamente intenso, saturado de valores, involucrando a diferentes actores que son afectados por el tema” 169
Lucha Vs capitalismo global, alianza con sectores organizados.
Comentarios sobre Prilleltensky: muy discutido el viernes, se resaltaba como su abordaje podría generar reacciones porque el conflicto parece ausente, incluso por el tipo de ejemplo que pone. A mi juicio, su aporte puede ser importante, precisamente porque apela a una precisión y especificación que puede ser muy útil para orientarse en situaciones y acciones concretas. Enfatiza la ética, y su perspectiva coincide en mucho, a mi juicio, con una ética de la liberación. Quizás encontramos el problema, tomando en cuenta los diversos aportes, de que en un Ibáñez, por ejemplo, encontramos amplio debate y cuestionamientos al saber y al discurso psicológico, pero poco, en realidad, relativo a como trabajar con la gente y como posicionarse. En Prilleltensky, al contrario, encontramos muchos lineamientos prácticos, pero poco que ponga en tensión al conocimiento, o al discurso, psicológico (me refiero al material que hemos leído). Aquí puede irrumpir con fuerza, creo, un Martin Baro con su idea de un conocimiento y una práctica situada, historizada, en el sentido de vincularse con y someterse al juicio de sectores organizados y sectores populares. Habría que examinar con cuidado, en este contexto, su concepto de un compromiso crítico y las tareas que esbozaba, en su momento, para una psicología liberadora.