miércoles, 31 de agosto de 2011

PRIMEIRO COLÓQUIO INTERNACIONAL MICHEL FOUCAULT: A JUDICIALIZAÇÃO DA VIDA

PRIMEIRO COLÓQUIO INTERNACIONAL
MICHEL FOUCAULT: A JUDICIALIZAÇÃO DA VIDA
Rio de Janeiro, 5, 6 e 7 de outubro de 2011


Programação Completa do evento


5/10/2011
13:30 – MESA DE ABERTURA
14:00 – 16:30
JEAN FRANÇOIS BERT (Instituto Michel Foucault/FRANÇA). Sécurité, dangerosité, biopolitique : trois versants d'une nouvelle pratique de pouvoir sur les individus
CÉSAR CANDIOTTO (PUC-PR). O governo da desordem e seus novos
Dispositivos nas sociedades securitárias.
KÁTIA AGUIAR (UFF). Práticas de formação e a produção de políticas de existência

17:00 - 19:30
ESTELA SCHEINVAR (UERJ, UFF). Conselho tutelar e escola: a potência da lógica penal no fazer cotidiano
VERA MALAGUTI BATISTA (UERJ). Judicialização da vida e o estado de polícia
LUIS FUGANTI (Escola Nômade). A judicialização como forma da governamentalidade contemporânea: confiscar, controlar, capitalizar e gerir as forças intensivas do homem

6/10/2011
13:30 – 16:30
HELIANA CONDE (UERJ). Michel Foucault na imprensa brasileira durante a ditadura militar - Os “cães de guarda”, os “nanicos” e o jornalista radical
FLÁVIA LEMOS (UFPA). Práticas de governo das crianças e dos adolescentes propostas pelo UNICEF e pela UNESCO: inquietações a partir das ferramentas analíticas legadas por Michel Foucault
ESTHER ARANTES (UERJ, PUC-RJ). Entre a delinquência e o risco. Anotações sobre a infância no contemporâneo.
SALETE OLIVEIRA (PUC-SP). Política e novos investimentos na formação de crianças e jovens resilientes

17:00 – 19:30
ACÁCIO AUGUSTO (PUC-SP). Juridicialização da vida e sobrevida
VERA PORTOCARRERO (UERJ). Anormalidade, doença mental e medicalização da loucura
GUILHERME CASTELO BRANCO (UFRJ). Biopolítica e Seguridade Social

07/10/2011
13:30 – 16:30
LÍLIA LOBO (UFF). O pensamento de Michel Foucault e a pesquisa em Psicologia Social
MARISA LOPES DA ROCHA (UERJ) e ANA L. C. HECKERT (UFES). A maquinaria escolar e os processos de regulamentação da vida: embates e aprisionamentos
ROSIMERI DIAS (UERJ). A produção da vida nos territórios escolares: entre universidade e escola básica

17:00 – 19:30
MARIA LÍVIA DO NASCIMENTO (UFF). Abrigo, pobreza e negligência: percursos de judicialização
EDSON PASSETTI (PUC-SP). Governamentalidade, crianças e violências.
GRACIELA LECHUGA (UAM-X/MÉXICO). Agamben “comentarista” de Foucault

sábado, 20 de agosto de 2011

CONTINUAMOS



LAS DISCUSIONES DE LA OTRA ORILLA.....AYER POR LA TARDE CONTINUAMOS LA CONVERSACION ACERCA DE FOUCAULT Y FEINMANN....ANIMADA, COMO HA SIDO LA TONICA.......CONTINUAMOS EL VIERNES 22 DE SETIEMBRE POR LA TARDE, DISCUTIENDO APORTES DE JUDITH BUTLER.............................

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Por qué no demandarle (amor) a Foucault ?

Santiago Navarro

Debemos empezar a dejar de considerar el conocimiento como una cuestión de esas ideas puras que forman parte de la autorreferencial Historia de las Ideas de cierto historicismo. Parafraseando a Butler (2001) sabemos que los “apegos apasionados” están cercanos al conocimiento, y no tienen nada de pureza, sino que las ideas están infectadas de carnalidad apasionada, una infección que nunca puede llegar a ser aséptica, “sana”. Al leer no solo hacemos transferencia con un texto tal ideas puras, sino con una firma de autor, con un autor con el que charlamos y le demandamos cosas al leer. Un texto no sólo nos provoca convulsiones epistémicas sino también irritaciones apasionadas (en todo caso, si hay mucho exceso de esto el acting out más simple es cerrar el libro e ir hacer otra cosa…).

La demanda es distinta a la necesidad según Lacan (2003), se necesita cuando exigimos del autor una fórmula, una receta, una última palabra, se necesita cuando tenemos necesidad de satisfacción: es lo que sucede en el instinto del animal o con la receta del manual de felicidad de psicología (cosas bastante aburridas por cierto). Por el contrario estamos en una demanda cuando tocamos eso peculiar en el cachorro humano que es más bien un pedido imposible de deseo, una demanda se trata de una penetrante cuestión de (des)amor: en la discusión pasada en el Seminario pudimos escuchar frases apasionadas del tipo “no me toquen a mi Sartre”, “no me toquen a mi Foucault”. ¿No es esta identificación apasionada con el autor una total justificada posición? ¿o debemos andar todavía en los altos vuelos de la Idea del intelectual -que se piensa- frío, pero íntimamente él o ella mantiene -más que él o ella misma- una relación apasionada con autores que lee hasta altas horas de la noche en su cama… bajo la romántica luz de su mesa de noche…?

¿No es la demanda de Marx por una materialidad en Hegel el motor de gran parte de su teorización?, ¿no es la demanda de Foucault al estructuralismo/marxismo por una visión no mecánica y meramente jurídica del poder, una de sus grandes motores? ¿no es crucial en el voluminoso libro de Feinmann la demanda de darle un entendimiento a la “cuestión nazi” de Heidegger, en un Feinmann que se sitúa en la Argentina dictatorial que efectuaba demasiado literalmente la “muerte del Hombre”? La demanda que un discípulo le hace a su maestro (aunque sea bajo la fachada de una critica radical, que precisamente por ende es la más acabada muestra de su deuda y su (des)apego apasionado… al haber pasado tantas noches juntos en la cama y bajo la luz de la mesa de noche…), esta demanda es la expresión de no dejar morir no solo la teoría sino esa huella personal apasionada que deja la silueta del autor muerto y conspira con su presencia en la actualidad del presente (de alguna forma lo “no dicho” por los muertos relampaguea vivo en el presente de peligro -para abusar de las palabras de Walter Benjamin).

Feinmann (2008) nos resalta una cierta demanda que ha rondado espectralmente la intelectualidad francesa de la segunda mitad del S. XX, esta demanda se articula alrededor de la “cuestión nazi” de Heidegger. No faltan las condenas a ultranza o, por otro lado, los intentos de “salvar” a Heidegger. Y -resaltémoslo- se trata acá de la demanda a Heidegger como persona (nazi) no ajena al Heidegger teórico (critico de la Ilustración).

Por su puesto no es cuestión de entrar en psicologismos ni en psicoanalismos, como es el intentar determinar mecánicamente la obra escrita por los avatares biográficos y personales del autor, por, por ejemplo, sus embrollos edípicos o, peor, por sus devenires yoicos compensatorios (sin duda estos excesos presentes en un cierto psicoanálisis ya caduco son unos de los factores que llevaron al Anti-Edipo de Deleuze y Guattari a ensañarse con el pan-reduccionismo de la triangulación familiar).

Estamos ante la cuestión de la demanda, ¿por qué demandarle a un muerto una posición específica? Un muerto que se supone que ya no puede escribir más y se supone que tenga que volver de su tumba a tener que responderle a un pobre diablo mundano vivo que le expresa necias congojas y preguntas. Sin duda, esto es posible, la muerte no sólo es literal, sino que disponemos de una segunda muerte (o vida, como se quiera ver) simbólica (aunque algunos más que otros, principalmente si son una suerte de rockstars académicos), resalta el hecho de que si resulta que lo estamos leyendo con cierto apasionamiento (y no cerramos rápido el libro) ese muerto no es ya un “perro muerto”, sino que sigue en vida, no solo como efecto de su teoría (y por supuesto, no como un sujeto en su pureza de modernidad Yoica) sino como efecto de esa extraña vinculación en que va a parar en un lector con el autor, al ponerle éste una firma al texto (esto a pesar de los excesos “posmos” de un Barthes con su “muerte del Autor” o del mismo Foucault con la “muerte del Hombre”).

Ahora bien, ¿qué (amor) demandarle a Foucault hoy?

Foucault fue un acontecimiento, a la par de nombres como Derrida y Deleuze, con la popularización del postestructuralismo y la consecuente influencia en el posmodernismo. El triunfo de esta forma de pensamiento fue la aclamación del fin de los “grandes relatos” en Lyotard, en particular a nivel político la muerte de un horizonte de totalidad utópica de reivindicación social (esto con cierta justificación, al ver que la teoría social crítica de la doxa de su tiempo se efectuaba como una necesidad, como una receta o formula de acción).

Foucault mismo se vio escindido en esto: por un lado tenemos su desprecio por una toma de posición política explícita y, por otro, su explícita toma de posición política por los derechos de los privados de libertad, las minorías sexuales o la toma de posición en la revolución iraní. Esta clara contradicción en Foucault ha llevado a autores como Eagleton (2006) a caracterizarlo como una suerte de “nihilista o pesimista libertario” (ese tipo de pensamiento que considera que la liberación es deseable pero que un intento de toma de posición a efectuarla implica una postulación alternativa en forma de totalidad ante la totalidad del Sistema actual, lo cual, considera, es caer directamente en un totalitarismo. Se trata de esa majadera identificación totalidad = totalitarismo),este pesimismo es una posición sintomática de la doxa de la “posmodernidad” que Foucault ayudó inaugurar. Por supuesto no es cuestión de pedirle, tal niño defraudado, una toma de posición como si esperáramos que el muerto vuelva hecho un fantasma y nos de una fórmula o una receta para nuestro actuar (ya vimos que Lacan se encargó de desarticular la distancia entre necesidad y demanda), sino de discutir (¿porqué no apasionadamente entre revoltosas sábanas nocturnas?) con ese acontecimiento que trae consigo el nombre “Foucault”, el papel que nos juega lo que queda vivo o podemos revivir de él en la actualidad, con los carnales (des)apegos apasionados correspondientes.

A mi parecer al Foucault como firmante de una teoría (sea múltiple o no, contradictoria o no (¿quién o qué no lo es?), siempre persiste la silueta de totalidad que juega en tensión con las pluralidades, al final pocas veces Foucault cambió de nombre, como Marco Baltodano señaló en el Seminario) le debemos demandar una nueva salida a ciertas cosas, una de ellas acuciante hoy día se refiere a la “crisis de representación” que él mismo se encargó tanto en resaltar, y, entre sus consecuencias, estuvo el ayudar a desarticular cualquier intento de reivindicación política esperanzadora, aunque al mismo tiempo dio pie a un proceso autocrítico ineludible para cualquier pensamiento crítico de hoy. “No hay conocimiento (político u otro) fuera de la representación” nos dice de manera obvia Homi Bhabha (1994). Y si de esta demanda salimos desenamorados, desapegados con Foucault, bienvenida sea la teoría que en tal gesto violento contra el maestro debemos intentar rellenar. En todo caso, si le hacemos caso a Lacan (2003) podemos encontrarle acá uno de los sentidos a su posición de que amar es dar lo que no se tiene, y, si se da el caso que sí se tiene, por lo menos es el gesto de aparentar no tenerlo.

Referencias.

Bhabha, Homi (1994). El lugar de la cultura. Londres: Routledge.

Butler, Judith (2001). Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción. Madrid, Ediciones Cátedra.

Eagleton, Terry (2006). La estética como ideología. Madrid, Trotta.

Feinmann, José Pablo (2008). La filosofía y el barro de la historia. Buenos Aires, Planeta.

Lacan, Jacques (2003). El Seminario. Libro 8. La Transferencia. Buenos Aires, Paidós.

sábado, 25 de junio de 2011

La Discusión crítica sobre Michel Foucault.

Ignacio Dobles Oropeza

Realmente me da un enorme gusto que en esta parte de nuestro seminario de Psicología desde la otra orilla le dediquemos atención a la contribución de Michel Foucault, ese infrecuentable, como nos decía hace uno pocos años en la Facultad de Ciencias Sociales de esta universidad Didier Eribon, refiriéndose a un pensador hizo tanto por apuntalar la discusión crítica sobre la dominación y el poder, y quien ha sido, claramente, interlocutor de mucha causas liberadoras.

Me complace, además, que hayamos hecho esta convocatoria abierta, en el marco de nuestra deliberaciones, y que contemos, también, con el valioso e ilustrativo insumo de Juan Pablo Feinmann, procesando la lectura de parte de su libro La Filosofía y el barro de la historia, que fue producto de unas célebres y concurridas conferencias realizadas en el año 2004 en Buenos Aires. Feinamnn, de clara influencia sartreana, está interesado, no, eso no tiene la suficiente fuerza, está empeñado, en su libro, en descifrar las consideraciones filosóficas acerca del ser humano que se rebela contra estructuras de injusticia y de dominación. No podía, en esa perspectiva, dejar de ocupar un mayor número de páginas Foucault que cualquier otro autor considerado, con una visión de Feinmann que podemos constatar crítica, a veces de forma muy punzante, pero con visible respeto hacia un autor como Foucault, que se las trae. A mí me resulta atractivo, y refrescante, la manera en que Feinmann ubica discusiones en, digamos, el “mundillo” de los filósofos y las filosofías, sin obviar opciones personales de vida y osadías como salir a festejar, Foucault, entre conferencias, en Brasil, ataviado a la Carmen Miranda. Destaco, también,, su desenfadada, y muy situada, perspectiva tercermundista y argentina, y la manera en que trae a colación elementos de la cinematografía, la cultura popular y la política.

No podíamos esperar otra cosa, la verdad, de un filósofo prolijo, analista político constante e inclaudicable, y, además, autor de novelas (una sobre Heidegger, precisamente, para que aprecien como le persigue el tema) , además de guionista de cine. En Página 12, insigne diario progresista argentino, se pueden encontrar con frecuencia sus aportes. Yo leí en los últimos meses un interesantísimo análisis del Peronismo, esa especie de obsesión (obstinación, dice con mayor exactitud un Feinmannque abe medir sus palabras) argentina, parte inevitable y a veces innombrable de la filosofía política de dicho país. No falta, en el análisis, la autocritica: “uno milita en la juventud peronista, va al aeropuerto a recibir a Perón, y pasa explicándose toda la vida” dice, palabra más, palabra menos, Feinmann, en su esclarecedor libro.

Como una especie de acentuación argentina, estuve en estos días ojeando un libro de esos que tengo guardados por ahí como lectura segura pero futura, una obra colectiva extraordinaria. Titulada “Nosotras: presas políticas” publicada por La Editorial Nuestra América. Precisamente, a propósito de la discusión de Feinmann, lo primero que encontramos en la contratapa de dicha publicación es lo siguiente:

Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos nosotros de lo que han hecho de nosotros

Las palabras, valiosas para nuestra discusión, son de Jean Paul Sartre.

Los ejes de la discusión de Feinmann, que valoraremos en conjunto vis a vis diversos elementos de la obra de Foucault son, a mi juicio, lo siguientes:

1-Un Surgimiento de Foucault, como figura en la galaxia filosófica de mediado de los años sesenta, declarando espectacularmente, basándose en Heidegger y Nietzche, que el “hombre ha muerto”, en un escenario, nos dice Feinmann, de fuga, de huida del marxismo como horizonte, y en contraposición activa, enérgica y confrontativa con la estrella filosófica del firmamento francés de la postguerra, Jean Paul Sartre. Lo que irrita a Feinmann, sin duda, es como la filosofía y el pensamiento francés, para lograr esta fuga, recurre a Heidegger, que, como se sabe, no solo fue rector de universidad, nazi con insignias, sino que nunca explico, o se desdijo de sus claras simpatías nazifacistas. No han faltado quienes lo han explicado o de alguna manera eximido de tener que explicare (Hannah Arendt, incluso) pero los hechos son tozudos y recuerdan la forma leve en que son obviadas, también, las simpatías e involucramiento de un C.G. Jung con el nazismo, aunque el caso de Heidegger reviste mucho mayor importancia. Más de una vez lo dirá Feinmann: no solo se corre a los brazos del “loco de Turín”, Nietzsche, con un desprecio de la masas, del socialismo, de la compasión, de los derechos humanos, con su canto a la “bestia rubia” y a la rapiña, sino que se termina haciéndole la corte a un filósofo nazi ( si, ya lo sé, Heidegger es mucho más que eso, pero también es eso, y ahí parece haber un mundo de problemas). El ataque a Sartre, quien es más vulnerable precisamente por su seriedad, soberbia y, quizás, distancia (no dejo de pensar en el contraste que dibuja Feinmann entre un Foucault dispuesto a la joda, a disfrazarse para festejar, y la a imagen de Sartre y Simone de Beauvoir serios, desfasados, vestidos de mandarines en una visita a China), pasa, además, y no solo en Foucault, por una lectura simplista y distorsionada de la obra sartreana.

2- Un segundo aspecto de la mirada de Feinmann que quisiera resaltar, en un examen de los alcances de la obra de Foucault, es la intencionalidad de desarrollar una perspectiva situada, precisamente desde el maravilloso y también mucha veces tenebroso mundo de una América Latina fracturada, desgarrada, y también torturada y humillada. Es decir, la discusión filosófica en un país como Argentina, por ejemplo, a menos de que se quisiera congraciar con poderes terribles o que quisiera esconder se tras elaboraciones crípticas, tenía que lidiar con procesos dictatoriales, desapariciones, guerras, triples A, integrismo católico-militar, etc. En esa perspectiva, escribe Feinmann, hay que tener cuidado con aquello de “matar al hombre” cuando, efectivamente, se estaba matando de la manera más literal, y bestial, a muchos hombres, y mujeres. ¿Se trata de eliminar el sujeto, cuando este, en su forma occidental moderna, no se ha terminado de constituir?. ¿De qué se está hablando, entonces? Resuenan las palabras de Feinmann: para que funcione la sociedad disciplinaria tiene que tratarse de una sociedad organizada. Es una especie de prerrequisito. La pregunta, entonces, es clara, y es a mi juicio válida: ¿Qué relevancia tienen elaboraciones, corrientes europeas y europeizantes vistas desde latitudes y contextos como los nuestros?

Es un asunto, me parece, que se aplica sobre todo al “primer Foucault”, el que irrumpe esgrimiendo espadas contra Sartre, y todo lo que se le parezca.

3- Pero el asunto más importante, al menos teóricamente, tiene que ver con el sujeto, o más bien, la ausencia del sujeto en Foucault. Esto es lo que hace más atractiva para Feinmann la última etapa, digamos, Foucaultiana, la que nos retrata la lectura brasileira que hemos incluido sobre la ética, las estrategias de cuido de sí.

“La mercancía no va por si misma al mercado”: es una frase que retoman tanto Franz Hinkelammert como Feinmann, cuando se refieren a Marx. Por otro lado, Feinmann retomará, más de una vez, aquello de que las “estructuras no salen a la calle”. Hará falta en la ecuación ese sujeto “que hace algo con lo que han hecho de el los otros”, como las presas políticas del libro mencionado al inicio. En el mapa de de fuerzas y estrategias, de poderes y resistencias, de poderes y contrapoderes, el asunto sería donde se afirma dicho sujeto, y porque, donde y como aparece el “grito del sujeto”, de ese sujeto que desborda estructuras de dominio e instituciones opresivas, en praxis liberadoras. “De la formula donde hay poder hay resistencia al poder Foucault explica el poder. De la Resistencia, poco o nada” escribe Feinmann, 590-591. Se lamenta, además, de que el último Foucault, de la ética, del poder que existe solo si hay resistencia, no pudiera seguir desarrollando su obra. Destaca así el Foucault de alguna manera desbordado (y además criticado desde varias direcciones), con acontecimientos históricos de masas como los del Irán revolucionario de 1979. Critica Feinmann que Foucault, sobre todo en su segunda etapa, dibuja estrategias y contra estrategias, dominación y resistencia, pero sin sujetos rebeldes. Es, para él, el punto clave a discutir, al tratar la filosofía, el pensar, aquel que se las ve con el lodo y el barro, y la sangre, de la historia.

lunes, 20 de junio de 2011

Heidegger

Se puede ver la Carta sobre el Humanismo de Heidegger, a la que hace referencia Feinamnn repetidas veces en su discusion sobre Foucault, en http://http://homepage.mac.com/eeskenazi/humanismo.html

sábado, 4 de junio de 2011

PARA LA SESION DEL 25 SOBRE FOUCAULT

Hemos cursado la invitacion abierta, que creemos ha suscitado interes. Queriamos señalar que hemos dejado un paquete bastante amplio de materiales, que incluyen textos de Foucault, los capitulos criticos del libro de Feinmann, y un capitulo de un libro brasileiro sobre Foucault y la Psicologia. Promete. Por otro lado, que bueno que el blog va cobrando vida...........................

jueves, 2 de junio de 2011

Panoramas contextuales y mucho trabajo por hacer desde la “otra orilla”

Panoramas contextuales y mucho trabajo por hacer desde la “otra orilla”

Aileen Vargas Villalobos

Antes de asistir a la segunda sesión (mayo) y mientras leía los textos asignados venían a mi mente los comentarios del encuentro anterior de que lo que se hace desde la psicología no solo debe ser conducido por múltiples cuestionamientos que lleven a la reflexión constante de lo que se hace desde ¿qué me mueve a hacer lo que estoy haciendo? ¿Cuál es la finalidad que creo que conllevaría lo que hago?, ¿Hacia dónde dirijo lo que hago?, ¿Quién dice que lo que se está haciendo es beneficioso? o ¿Para quién creo que lo es?, ¿Por cuánto tiempo?, ¿Cómo?... Variados escenarios contextuales son los que se pintan en mi mente cuando recuerdo los aportes hechos en esa sesión en donde temas como la ética y el compromiso formaron parte de las preocupaciones expresadas por los y las participantes al hilar en cuestiones como el cientificismo y los Paradigmas ético morales en la psicología que se acuerpaban bajo el tema propuesto para estas dos primeros encuentros: “Pensar un mundo nuevo/pensar de nuevo el mundo: psicología y pensamiento crítico” temas como el

Tal y como lo decía Erick Salas en su comentario para la primera sesión: “desde la otra orilla debemos ser capaces de ver más allá de ésta nuestra orilla, y no concebirla como un pedazo de tierra exento de las trampas propias de la literalidad acrítica (incapacidad de análisis)”… Precisamente es esa inquietud, esa búsqueda e incomodidad constante la que debe llevarnos a reconocer que sobre todo los que tenemos pretensiones de observar y actuar desde “otra orilla” estamos llamados a considerar múltiples aristas en nuestras reflexiones. Este ejercicio no debe constituirse como simple separación (esa- la otra orilla) y debe pasar, también, por una revisión de los discursos y tendencias que han inspirado los abordajes con pretensiones de ser diferentes a las que se han perfilado en los últimos años.

¿Dónde nos movemos?

La duda de lo preconstruido debe estar presente con el fin de procurar nuevos abordajes y espacios de criticidad con respecto a los procesos. Como ejemplo menciono el documental Psiquiatría: industria de la muerte que constituye una tajante crítica a los mecanismos iniciados “en nombre de la ciencia” en la búsqueda de desarrollar comprensiones de las “enfermedades mentales” o los múltiples ejemplos de cómo las guerras mundiales se constituyeron en espacios para “conocer” al ser humano: mental, anatómica y fisiológicamente al implementar mecanismos de tortura o dolor. Con estas bases de “desarrollo científico” nos incorporamos a también a contextos donde impera el discurso médico: Una compañera mencionaba la persistencia de la legitimidad del discurso médico en temas como la neurociencia, lo imperante de los abordajes biológicos en temas como la fibromialgia, o a nivel más general, nos encontramos ante una supremacía especial de lo económico ante la injerencia de los organismos financieros no solo en cuanto al perfilamiento de países sino en las discusiones de fallos de modelos capitalistas y nuevas formas de globalización como las que Dagmar incorporó en su comentario.

Al final del texto “La madre vaca” Marvin Harris a abogar no por la preocupación que conlleva para los economistas de occidente poder realizar cambios en modos de producción de la India (al dejar de lado el tabú que impide el sacrificio de vacas) sino en intentar posicionarse desde otras perspectivas para comprender y desde ahí actuar, tomando en cuenta al otro (no visto como simple antípoda sino como complementario en el conocer y conocerse). Debemos pasar de un cúmulo de conocimientos y abordajes teóricos de “lo que es” a lo que implica llegar a impactar mediante la práctica.

Contradicciones, “avances” científicos que no toman en cuenta el dolor humano, legitimidad e imposición de discursos, resguardo político, estrategias militares, fragmentación, individualización son parte del panorama en que nos movemos. Esta visión retrospectiva debe acompañarse de lo prospectivo por lo que cabe preguntarse ¿cómo lo que hacemos y hemos hecho impacta e impactará a los demás? Nos encontramos, así ante dilemas éticos, epistemológicos, filosóficos, económicos.

Observarse y actuar

Por otra parte, con el riesgo también de caer en “ingenuidades peligrosas” se hace necesario trascender lo puramente “acumulativo” en la producción del conocimiento para que la disciplina llegue a convertirse en una disciplina crítica, autocrítica y constantemente reflexiva. Por ello, hasta ahora se ha puesto en evidencia que lo que uno de los múltiples aspectos que nos convocan son el interés por la reflexión continua que desemboque en nuevos horizontes ante las transformaciones contextuales. Nuestra labor debería constituirse en un observarse a sí mismo observando pero sobre todo debe complementarse con un observando a si mismo actuando en un espacio convulso y muchas veces de actuación compleja.